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La destrucción sistemática de la Educación Técnica en la República Argentina01/12/2007
por Prof. Ángel Pedro Liguori

La destrucción sistemática de la Educación Técnica en la República Argentina
 
Por Ángel Pedro Liguori, fundador de la Escuela Privada de Fábrica “Don Zeno”, Munro (Villa Zagala), Buenos Aires
 
Como se inició la educación técnica en la República Argentina:
 
En 1944 se dicta el decreto 14.538/44, que crea la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP) e instituye el impuesto al aprendizaje (posteriormente a la educación técnica) con la sana idea de favorecer la industrialización del país.
 
Dicho decreto, modificado posteriormente tomando la forma de ley, establecía que toda empresa manufacturera debía abonar el 1 % (posteriormente el 8 ‰ [ocho por mil]) de todo aquello que pagara como sueldo para un fondo que se iba a destinar a fomentar la formación de personal técnico.
 
Por ese entonces ya existían en el país algunas escuelas industriales (por ejemplo, la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause, sita en Paseo Colón) y otras de artes y oficios (surgidas por iniciativa de Don Bosco y dirigidas por los padres salesianos).
 
Tras la promulgación del decreto en el orden estatal y privado comenzaron a aparecer las escuelas fábrica y cursos de formación técnica de operarios.
 
Con el objeto de unificar todas estas actividades educativas que apuntaban hacia un mismo fin, el 15 de noviembre de 1959 se promulga la ley 15.240, que crea el Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET). El 15 de noviembre se conmemora aún hoy como el día del aprendiz o de la educación técnica.
 
El CONET era un cuerpo colegiado, con un presidente designado por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado, y vocales en representación del gobierno nacional, de la industria y de la central sindical. Todos los vocales debían exhibir al menos dos años de experiencia como docentes en la educación técnica.
 
El CONET, con un importante presupuesto producto del impuesto para la educación técnica, encaró una enorme tarea. Para ello convocó a un grupo de excelentes profesionales que con suma dedicación comenzó a preparar los planes y programas para las distintas especialidades, como así también nombró, previa selección, al personal para las escuelas y cursos que se crearon.
 
A partir del momento de la creación del CONET las escuelas industriales o fábrica existentes, y las que se crearon posteriormente, pasaron a llamarse Escuelas Nacionales de Educación Técnica (ENET).
 
Los cursos que se crearon según el Plan 1474/65 tenían un Ciclo Básico de tres años (1º, 2º y 3º), donde los alumnos cursaban clases teórico-prácticas y donde, en talleres especialmente montados, rotaban por las distintas secciones (electricidad, carpintería, hojalatería, ajuste, moldeo, soldadura, fragua y empleo de máquinas herramientas).
 
Al término del Ciclo Básico pasaban al Ciclo Superior, de otros tres años, para cursar la especialidad que hubieran elegido (electricidad, electrónica, electromecánica, comunicaciones, mecánica de automotores, artes gráficas, química).
 
El Ciclo Básico cumplía una importante función: Primero, ponía al alumno en contacto con las distintas manualidades, educando no sólo la motricidad fina, sino también despertando en ellos el gusto por la actividad manual. Segundo, el mismo alumno, observado, guiado y conducido por los maestros, iba descubriendo aquellas actividades para las que tenía condiciones y en las que le gustaría desempeñarse en el futuro.
 
Por otra parte, al término del Ciclo aquellos alumnos que no tuvieran condiciones para seguir el Ciclo Superior o que descubrieran que no eran para ellos las actividades manuales, podían cursar lo que era el 4º Año de término, que tenía dos orientaciones: una técnica, que formaba auxiliares técnicos en las distintas ramas, o el 4º año humanístico, donde cursaban las materias teóricas necesarias para completar los estudios que les permitieran seguir estudiando en las escuelas nacionales (bachilleres) o en las comerciales (peritos mercantiles).
 
Los egresados del Ciclo Superior podían seguir sus estudios universitarios.
 
Como se ve, los cursos estaban articulados horizontal y verticalmente con el objeto de no perder de vista en ningún momento la formación del alumno.
 
Escuelas Privadas de Fábrica
 
Dentro de la Ley del Impuesto para la Educación Técnica había un artículo que permitía a las fábricas que sostuvieran cursos sistemáticos de formación técnica, que fueran adecuadamente RECONOCIDOS por el CONET, a NO PAGARLO hasta finalizar el ejercicio, en cuyo momento sólo abonaba la diferencia entre lo que hubiera tenido que pagar y lo que había invertido en el mantenimiento de los cursos.
 
Esta suma de la que podían disponer las empresas no era ilimitada, sino que el CONET fijaba un piso y un techo de acuerdo al número de cursos y alumnos que asistían, y además se tenía en cuenta el tipo de especialidad.
 
En la reglamentación de la ley se estableció que toda compra de bienes muebles e inmuebles que se hiciera con dinero proveniente del impuesto debía inventariarse a favor del CONET, pasando a ser propiedad del mismo.
 
Esta fue la razón por la que aquellas empresas que en caso de cierre no querían perder los bienes adquiridos, los pagaban de su propio peculio y sólo descontaban lo que consumían (sueldos, materiales, etc.).
 
Incentivadas por dicha ley, las empresas, y con el afán de contribuir a formar personal altamente capacitado, comienzan a montar sus propias escuelas.
 
Así nacen las primeras Escuelas Privadas de Fábrica y al poco tiempo crece su número hasta alcanzar aproximadamente una treintena para llegar a mediados de la década del 60, en que era rara la empresa que no tuviera o contribuyera a sostener una escuela.
 
Los cursos eran inspeccionados periódicamente y en el CONET cada escuela tenía un legajo donde figuraban todos los antecedentes para así poder controlar la calidad de la enseñanza que se impartía.
 
Por iniciativa de los directores de las primeras escuelas fábrica, se invitó a los restantes a nuclearse en un ente que se llamó Consejo de Directores de Escuelas Privadas de Fábrica.
 
Este Consejo les permitió mantenerse en permanente contacto en reuniones periódicas o privadas para cambiar información y experiencias.
 
La existencia de este Consejo facilitó a los egresados de las distintas escuelas a que encontraran rápidamente ubicación en las empresas que los necesitaban.
 
Las escuelas privadas de fábrica siguieron funcionando normalmente sin mayores dificultades alcanzando cada vez mayor prestigio, lo que se veía reflejado en el número de aspirantes a ingresar a primer año.
 
Estos eran sometidos a un examen de conocimiento que no sólo debían aprobar, sino alcanzar los primeros lugares para poder ingresar, dado que los cupos eran limitados.
 
Con estos alumnos elegidos y un personal docente calificado, se pudo brindar a las industrias un personal técnico altamente profesionalizado, pues en estas escuelas había una doble exigencia: Por un lado del CONET y por el otro de las propias empresas, que al no querer poner en juego su prestigio controlaban con sumo celo los cursos que se dictaban, cuya calidad y nivel profesional alcanzado podían comprobar al observar el rendimiento del alumno egresado.
 
En el año 1983, bajo la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín, entra en escena el equipo económico del Dr. Sourrouille, con el Dr. Brodersohn y el Dr. Machinea (respectivamente Ministro de Economía, Secretario de Hacienda y Presidente del Banco Central).
 
Este equipo presenta un proyecto para eliminar algunos impuestos, entre ellos el de la Educación Técnica.
 
Enterado el Consejo de Directores pide y obtiene una urgente reunión.
 
En la misma las autoridades informan que las Escuelas Fábrica no iban a tener ningún problema porque podían seguir amortizando los cursos a través de lo que se creaba, que eran los certificados de Crédito Fiscal.
 
Enterados de cómo iba a funcionar dicho Crédito, los miembros del Consejo piden continuar con las reuniones para poder explicar que la situación era totalmente distinta.
 
Con el impuesto para la educación técnica las empresas tenían el dinero al momento de invertirlo, en cambio con el Crédito Fiscal sólo se accedía a él cuando los cursos estaban aprobados, y esto llevaba tiempo, aún cuando la escuela estuviera reconocida.
 
Había que presentar anualmente el presupuesto y esto no se podía hacer hasta empezar los cursos, ya que había que incluir gastos de personal que como se comprenderá, variaban año tras año.
 
Con suerte se lograba la presentación a fines de marzo. Hasta que un inspector concurriera a la escuela, elevara su informe y se aprobaran los cursos (en algunos casos esto sucedió pasada la mitad del año), con la inflación que cada año se acentuaba más, cuando se lograba el certificado para aplicarlo a algún impuesto, iba a pasar tanto tiempo que lo que se recuperaba iba a ser una ínfima parte de lo invertido.
 
A pesar de estas objeciones y de la seria advertencia de que esto iba a traer a la larga la desaparición de las escuelas, se siguió adelante con el Crédito Fiscal.
 
Luego de la puesta en marcha y ante los atrasos que se producían por distintas razones en la extensión del certificado, sólo se logró que en algunos casos se otorgaran certificados a cuenta.
 
La implementación del Crédito Fiscal fue muy desprolija y dio lugar a muchas irregularidades. Por conocimiento o cualquier otro factor algunos lo obtenían mucho antes que otros.
 
En la década del 90 la situación económica empeora y las empresas ya no podían hacer frente a la carga que significaban las escuelas que poco a poco, tal como lo había previsto el Consejo de Directores, fueron cerrando.
 
Algunas para poder continuar comenzaron a cobrar cuotas en concepto de cooperadora, materiales, contribuciones voluntarias o cualquier otro recurso.
 
Las dificultades económicas atentan contra la calidad de la enseñanza, a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad de todos los que rodeaban el universo de las Escuelas Privadas de Fábrica.
 
Las pocas que quedan reciben el golpe de gracia cuando los genios de especialistas en ciencias de la educación en forma inconsulta dictan la Ley Federal de Educación (1995).
 
A partir del año 1996 las escuelas que continúan, pasan a depender de las distintas jurisdicciones desapareciendo la dependencia nacional y con ella las Escuelas Nacionales de Educación Técnica y las Escuelas Privadas de Fábrica.
 
Los alumnos que habían ingresado en el año 1995 siguen con el plan 1574/65 del CONET y egresan en el año 2000, siendo la última promoción de técnicos que lo hacen con el título original.
 
El último presidente del CONET fue el Sr. Martín Redrado, que procedió a disolver el organismo que ya no tenía razón para seguir existiendo.
 
Con la desaparición de una institución que marcó rumbos en la educación se pierden décadas de trabajo de un grupo de profesionales, que con suma dedicación y esmero había elaborado un conjunto de planes y programas para las distintas especialidades permanentemente actualizados y coordinados horizontal y verticalmente con las otras ramas de la enseñanza.
Hoy a casi 12 años de haber impuesto una ley contra la voluntad de los que tenían experiencia y sabían lo que era la enseñanza técnica, se reconoce el tremendo error de haber suprimido una formación que se lograba a lo largo de seis años y haber querido reemplazarla con un polimodal de sólo 3 años, que apenas y con mucha voluntad podía aplicar un tenue barniz de las distintas ramas que abarcaba el sistema anterior.
 
Como su nombre lo indica, tomaba muchas modalidades sin alcanzar a profundizar ninguna.
 
Profesor Ángel Pedro Liguori
Ex director del Centro de Capacitación Sedalana
Fundador de la Escuela Privada de Fábrica “Don Zeno”.

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